jueves, 10 de septiembre de 2009

Relato # 1. El caminante nocturno

El caminante nocturno llevaba cinco años recorriendo las mismas calles de la ciudad en un bucle constante de monotonía y maníaca puntualidad. El caminante nocturno era un hombre respetable, un hombre mayor, hecho a la vida desde muchísimos años atrás. El caminante nocturno salía todos los sábados y domingos de su bonita casa, situada en un bonito y silencioso barrio en la zona rica de la ciudad, a la misma hora, la una de la madrugada, y se dirigía, con paso tranquilo y controlado, al centro.

Andaba en silencio, mirando a su alrededor, oliendo el silencio de algunas calles, respirando la tranquilidad de la vida a esas horas, así como el peligro que también le suponía a uno andar a solas por algunos de los más oscuros callejones. Pero el caminante nocturno no se paraba, no se giraba, nunca daba marcha atrás y se alejaba, saliéndose de su ruta, de su camino habitual.

El caminante nocturno recorría las calles sumido en pensamientos pero más que atento a lo que pasaba, analizaba situaciones, miraba a la gente, y siempre sonreía, una tímida sonrisa acompañada con los ojos y todas las arrugas de la cara.

El caminante nocturno cogía dirección al parque y se internaba en él con el corazón palpitándole, ansioso. El aire comenzaba a faltarle, las pupilas se le dilataban y adecuaban a la oscuridad frondosa, sus pasos se ralentizaban y los giros con la cabeza aumentaban.

El caminante nocturno siempre salía con un bonito gorro de piel que se calaba en su blanca cabeza y con él ocultaba parcialmente su rostro. El caminante nocturno llevaba en los bolsillos de su bonito traje un pañuelo, las llaves de su casa, una cartera de piel con apenas un par de billetes, y sin identificación alguna, y unos pequeños prismáticos que le habían costado una cantidad considerable.

El caminante nocturno gustaba de mezclarse con la flora que le rodeaba, internarse entre los matorrales, salirse de los caminos señalizados y buscar. Miraba en todas direcciones y cuidaba de ser sumamente silencioso. El caminante nocturno se había convertido en un especialista cuando se trataba de pasar desapercibido, de ocultarse y desaparecer. El caminante nocturno era una sombra en la noche, una imagen fugaz. El caminante nocturno no era más que un viejo voyeur.


Atentamente,
El Juez Williams.

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